Lugares de Interés
Peña Castillo
Estado de conservación: Bueno.
Usos actuales: Establo.
Investigación: A. González y D. Quijada (1991).
Contexto: Ámbito rural.
Observaciones: Propiedad privada.
Elementos de mayor interés: Grabados rupestres.
Situación: A 4,4 Km al norte de Peraleda de San Román, en dirección a la dehesa de Valdelaosa.
A medio camino entre el Tajo y el poblado de Navaluenga, en el borde de un berrocal, se yergue una peña de gran tamaño, inaccesible por cualquiera de sus lados. Amontonadas junto a ella, otras rocas forman un entramado de túneles y cámaras lo suficientemente grandes para que aún hoy sirvan de albergue a una nutrida vaquería.
Dentro del recinto, comprobamos que el suelo se había alterado al añadírsele gran cantidad de estiércol y un variada gama de materia orgánica, por lo que resultó difícil encontrar resto alguno de material antiguo.
Los distintos grabados rupestres y demás utillaje determinaron la misma filiación que sus vecinos de Navaluenga. Curiosamente, las molinetas que otras veces encontramos en piezas separadas, aquí forman parte de la roca anclada en el suelo, observando un grado de inclinación en los dos casos registrados próximo a los 45°.
La cerámica es muy pobre, sin decorar y, salvo una pieza, todas las demás tienen la apariencia de proceder de grandes contenedores, cuencos y ollas.
Igual que en Navaluenga, a esta localidad pudieron asociarse varios conjuntos de grabados, cuyas reproducciones se hallan a la salida del complejo de cuevas, bajo la roca que da nombre al paraje. También a escasos metros de los grabados, en una roca aislada, se talló una pequeña pila del mismo tipo que otra que conocemos en las Cuevas de las Caballerías de Plasenzuela, que probablemente tuvo una relación o significado ceremonial.
En total Peña Castillo ofrece 5 conjuntos, de los cuales 4 se hallan separados entre sí por pocos metros; el restante, distante 500 m se sitúa al principio de la vaguada que queda a la izquierda de las cuevas, mirando hacia el sureste.
Su emplazamiento en el borde del batolito de Navaluenga les coloca dentro de la misma dinámica geomorfológica, aunque varía sensiblemente la tipología de los motivos.
- P.C. 1.- Es el más extenso y variado, ocupa la parte superior de una roca y parte del contorno de la misma. Predominan cazoletas en la zona superior, comunicadas con canales que a veces se cruzan entre sí, símbolos en forma de herraduras, podomorfos, esteliformes, cruciformes, antropomorfos y otros de difícil defu009Enición o asignación, que guardan paralelos con motivos pintados, con objetos presentes en los dólmenes, con otros grabados y, en suma, con el magno y complejo mundo de las representaciones prehistóricas.
La impresión que da el grabado es que todo se dispone alrededor de un motivo de mayor ta maño, con pie en V y dos brazos curvados en ángulo, situados en la mitad y en la cabeza del cuerpo. No conocemos paralelos concretos, pero sí motivos que pueden parangonarse con los grabados de la Peña Escrita, en Canales de Molina (Guadalajara), y otros del Valle del Tajo, en la zona portuguesa. Guarda relación a su vez con las dos figuras idoliformes presentes en el grupo dos de Peña del Castillo. - P.C.II.- Conjunto de 14 cazoletas colocadas en una roca de tal manera que si un líquido se vertiera en las de la parte superior, podría pasar a las siguientes, bien a través de un canal o bien libremente por encima de la roca. En el grabado hay representados además una fu009Egura que recuerda a algunos motivos arboriformes presentes en pinturas como las de Nuestra Señora del Castillo en Almadén (Cindad Real), o el extraño grabado de una estela que M. Beltrán localizó en el Moroquil de Madroñera (Cáceres).
Hay además, alrededor de una cazoleta, un repiqueteado muy desvaido que marca un soliforme con seis radios y a su alrededor otras tres cazoletas más pequeñas que constrastan con el inusual tamaño de las otras, capaces de dar cabida cada una a más de medio litro de líquido. - P.C.III.- El tercer conjunto se halla muy perdido, pero aún se reconocen cuatro cazoletas pequeñas y una de gran tamaño, junto a un cruciforme y varios retiformes o acanaladuras.
- P.C.IV.- Dista un metro del anterior y consiste en otro motivo cruciforme idéntico al representado en P.C.III, pero de mayor tamaño.
- P.C.V.- El último consta exclusivamente de cazoletas. Hasta 70 contabilizamos en el calco. Se hallan bajo un bolo granítico, en una lastra horizontal separados por una grieta. Son de pequeño tamaño.
Canchera de la Atalaya
Estado de conservación: Ruina.
Usos actuales: Monte forestal.
Contexto: Ámbito rural.
Observaciones: Propiedad privada.
Elementos de mayor interés: Cimentación de la atalaya y materiales arqueológicos.
Situación: En la orilla derecha del río Gualija, frente a las pasaderas de la Poveda.
Observa la misma dinámica que los baluartes de la sierra, situándose a espaldas de la fortaleza de Gualija. Se trata de una pequeña almenara levantada frente a la Poveda, en la orilla derecha del río Gualija, antes de que se abra el valle a San Román. Su planta es de forma cuadrangular, realizada a base de mampuestos irregulares, salvo en las partes de refuerzo, que solían ir regularizados por una de sus caras.
Borrada casi a ras de cimientos, tuvo como clara finalidad la de transmitir señales en caso de peligro y controlar el acceso hacia el interior de los Ibores-Villuercas, ya entonces densamente poblados por grupos de pastores beréberes de origen aún no aclarados.
CRONOLOGÍA: SIGLOS VII-XICastillo de Alija
Más hacia el Oeste queda la fortaleza de Alija emplazada sobre los cerros graníticos que dominan la desembocadura del rio Gualija en el Tajo. Su disposición estratégica cabe relacionarla con el paso de una antigua vía que salvando los puentes del Búho y del Conde alcanzaba las llanuras del arañuelo toledano y sus enlaces hacia los puertos castellanos. Este control lo reforzaba, en la otra orilla, la atalaya Peñaflor, de la que hoy no queda más que la cimentación al pie de la roca del mismo nombre.
De su importancia se hacen eco las fuentes medievales, mucho más prolijas en datos sobre los avatares del asentamiento. Por Ibn Hazm sabemos que un miembro de la tribu berebere de los "Awraba", Sabrun b. Sabib gobernó la fortaleza de "Alisa" a finales del siglo XI o a comienzos del X, ya que su hijo fue destituido del mismo cargo por el califa Abda al-Rahman III anNasir. Otro cronista, Ibn Hayvan, al hablar del Tajo comenta que pasa al Norte por la fortaleza de "Alisa", situada a ochenta millas de Toledo.
Más tarde tenemos constancia arqueológica de su repoblación efectiva por parte cristiana en una necrópolis de tumbas antropomorfas excavadas en la roca con cabecera semicircular y en una ermita que aprovecha el solar de otra hispano-visigoda, destruida seguramente para construir la fortaleza, pues sillares, "tegulae" y fragmentos de mármol con decoraciones propias del s. VII se hallan dispersas y empotradas en los muros y torres cuadradas de la fortaleza.
La misma población cristiana debió ampliar la cerca del castillo, consolidándola con torres diferentes en muchos aspectos de las musulmanas.
En 1480, aseguradas ya las fronteras con el Islam, D. Pedro de Zúñiga, II Conde de Miranda del Castañar hereda de su padre unos territorios que Juan II le había cedido a la caída de su valido D. Álvaro de Luna, entre los que se incluía el Castillo de Alija y sus tierras, donde una población cristiana habla sustituido a la musulmana.
Dicho Conde, a la vista de las magníficas tierras que se abrían a los pies del castillo, en un tiempo en que las fronteras del reino se hallan ya muy al sur, permite a sus habitantes que lo despueblen y se trasladen a la vega, asentándolos en el antiguo solar de "Augustóbriga"; las Relaciones Topográficas de Felipe II escritas en 1577 narran perfectamente este proceso, recordando los ocupantes cuando abandonan Alija, conservando en el concejo aún el cargo de Alcalde de aquella localidad.
Con el abandono llegó la ruina, desplomándose la torre central al ceder las claves del arco que la soportaba, cedieron los tápiales y soterraron el aljibe que abastecía de agua a sus antiguos moradores.
Grabados: Castillo de Gualija
Estado de conservación: Muy arrasado por una construcción moderna.
Usos actuales: Casa particular.
Investigación: F. Jiménez de Gregorio (1954), S. Martínez Lillo (1990), J. Oliver Asín (1973).
Contexto: Ámbito rural.
Observaciones: Propiedad privada.
Elementos de mayor interés: Estructura del cierre del castillo, restos marmóreos visigodos y grabado rupestre.
Situación: En la confluencia del río Gualija con el Tajo.
A la derecha del camino que unía el Castillo de Alija con Talavera la Vieja encontramos un grabado de herradura combinado con otros motivos cruciformes que suponemos añadidos con afán cristianizador.
El camino sobre el que encontrarlos los grabados, se hallaba enlosado y formaba parte de una red que confluía en el Castillo de Gualija, en busca del puente del Conde.
El motivo de mayor tamaño es una herradura de gran profundidad en el surco. Da la impresión, si es que no data de tiempos más modernos al que se le suele suponer a estos motivos, que ha sido retocada y rehundida, pues muestra notables diferencias con la cruz que la acompaña, pues mientras la segunda tiene un bisel de borde, un ángulo cortante, la herradura lo tiene redondeado y muy abierto.
Hacia el río encontramos indicios de un poblamiento durante la edad de Hierro con materiales semejantes a los registrados en poblados de la Edad del Hierro en la provincia de Ávila, tales como cerámicas decoradas con gallones, a peine, pintadas, etc.